Las personas perciben el ruido de manera muy diferente, dependiendo de que sean productoras o receptoras del mismo. Por ello, y según las leyes enuncian, el mejor elemento de control del ruido es la educación.
Todos, mediante nuestras costumbres, somos productores de ruido, por ello debemos concienciarnos de hasta qué punto somos
responsables de la situación en la que estamos inmersos.
Nuestro oído, aun siendo un instrumento capaz de percibir los sonidos más tenues, es incapaz de diferenciar por sí mismo si lo que oye
constituye un ambiente ruidoso o no. Esto depende de lo que oye en referencia a una situación, que es la que da las claves de la
percepción.
La mayoria de las personas no saben distinguir si un determinado número de dB es mucho o es poco para un determinado paisaje sonoro, sin
embargo es fácil para ellos reconocer que 30º es una buena temperatura para estar en la playa y muy mala para estar encerrado en una
oficina.
Para ayudar a evaluar sobre la sensación sonora, el Supervisor de Ambiente Sonoro (SAS) es el dispositivo idóneo, ya que hace que quien lo
ve, aprecie la relación entre los niveles de ruido existente y la calidad ambiental de un determinado lugar.
Generalizar su uso en aulas y patios de colegios, salas de espera, lugares de trabajo y en áreas que por su naturaleza deberían ser
tranquilas, hará que se convierta en una herramienta útil en la educación y concienciación de las personas que lo vean.
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